por Candelaria Penido
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El Rey del under llegó el año pasado a las salas del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) con una mega muestra retrospectiva que incluye videos, ropa, bolas de boliche, cuadernos, documentales, revistas, diarios, obras de Caravaggio, Fragonard y Delacroix, desfiles, sillones, maniquíes y banquetes. Todo un popurrí que resume 30 años de la impronta De Loof en el arte argentino.

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Hablar de Sergio De Loof, es hablar de un emblema contracultural de los ’80 y los ’90, que posicionó a –los retazos de cosas–, como los protagonistas de distintas escenas culturales bonaerenses. La muestra, organizada por el MAMBA y curada por Lucrecia Palacios, va de la mano con el carácter multifacético del artista, a la vez que celebra su legado. Es así que su visitante recorrerá 8 salas extravagantes, propias de este ícono del rococó trash, creadas especialmente por el artista para la exposición. Cada una cuenta con una música, una iluminación y un color (o varios) que transforman el recorrido, en uno único.

Desde Art & Notes te damos cuatros claves para comprender la obra de De Loof, a medida que se avanza entre distintas sensaciones y estímulos.

Lenguajes visuales
El artista goza de una trayectoria rápida y vertiginosa, que desembocó en la creación de una nueva forma de arte, dejando a su paso “espacios que fueron legendarios”, afirma Palacios en el texto curatorial.
Uno de los rasgos indispensables para realizarlo fue su capacidad de observación y amalgamiento de distintos lenguajes visuales. Los sacó de contexto y les proveyó otro. Uno diferente capaz de agregarle atractivo. A partir de sus cuestionables provocaciones, fue la persona que unió el arte con la escena nocturna. Implementó un nuevo escenario para las creaciones artísticas: bares y boliches (como Bolivia, El Dorado, el Morocco, Ave Porco, entre otros) que ambientaba y convertía en el centro de “de desfiles, exposiciones, obras de teatro, y era donde se daban cita, en un contexto de libertad y experimentación, los mundos hasta entonces antagónicos de los artistas e intelectuales, los empresarios, el universo fashion y la farándula”, afirma el texto curatorial.
A partir de su visión y capacidad de compilación, De Loof era especialista en fundir y dar lugar a nuevos imaginarios.

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Atmósferas
Una de las maravillas que se pueden observar en el recorrido propuesto por el artista en ¿Sentiste hablar de mí? es la manipulación de las distintas atmósferas que acompañan a su obra.
La exposición está articulada en 8 espacios que él ambientó especialmente para que alojen a estas creaciones. Estas originales ambientaciones son indiscutibles pruebas de los temas que le han interesado, al artista, a lo largo del tiempo. Ya que ellos se ven, a la vez, plasmados en los trabajos expuestos.
“Es una obra faraónica en la que se dan cita pasillos palaciegos, obras de teatro, una tienda que vende sus creaciones, una biblioteca, un carnaval”, anticipan desde el museo.
El visitante se encontrará frente a objetos que se lucen en su hibridez, atravesando sensaciones de rareza, locura, fascinación, rechazo y hasta miedo por momentos. Un viaje a otros mundos, los de Sergio De Loof.

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Apropiación
De Loof goza de una capacidad de apropiación que él define como una faceta heredada de una consmovisión de“supervivencia de guerra.” Su padre, inmigrante europeo que llega a América luego de la guerra, le había enseñado que todo siempre sirve, habilitándole así este aspecto en su arte. En sus trabajos se pueden apreciar las técnicas del ñandutí, patchwork y reciclaje. “A través de ellas, De Loof valorizaba también una cultura artesanal que, en el marco de la convertibilidad y la denominada globalización, estaba llamada a desaparecer”, cuenta la curadora.
Es así como los retazos de telas, de prendas de ropa vieja, de videos, desfiles, entrevistas y de imágenes se encuentran en el centro de su obra. Es en Encantadores vestidos, donde brillan los ropajes confeccionados en papel, materiales descartables y con partes de vestimentas donadas al Ejército de Salvación, donde más llaman la atención.
No son solo los materiales que utiliza los que remiten a la apropiación. Sino al público al que se dirige. Inserta en esta maquinaria cultural a los marginados. A partir de sus creaciones revalorizaba a los que han quedado (han sido dejados) afuera del sistema. “Su intención era crear “un arte y una moda hermosa para pobres y feos”, dando lugar en sus trabajos a las disidencias corporales y sexuales”, dice Palacios.

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Reinterpretación
Es así que las obras De Loof conviven con la contradicción de mundos. Mezcla y reinterpreta la miseria y la riqueza, la música cheta con la cumbia, las imágenes de las revistas de moda importadas como Vogue con cachivaches recolectados de la calle.
Como bien describe el texto inscripto en la pared del MAMBA, “La exposición da cuenta de la creatividad enardecida y desbordante de Sergio De Loof, con la que ha combinado hasta igualar el quehacer comunitario y la expresión individual, la pobreza y el lujo, el paladar aristocrático y el gusto popular.”
Las contradicciones llegan a su apogeo en Salón Surtido. Una sala enorme, donde el horror vacui domina y el espectador se encontrará con 14 maniquíes brillantes y llamativos, paredes verdes y doradas, espejos, coronas, papel picado y banderines, obras en gran tamaño barrocas y románticas de artistas de renombre internacional pero firmadas, a lo grafiti con un gran “De Loof” en negro.

A todo, De Loof lo baña de un nuevo sentido. Lo toma, lo analiza, lo reinterpreta y crea.

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