por Candelaria Penido
IG: @candepenido
mail: candelariapenido@hotmail.com

Obra como máquina del tiempo

Iván Navarro presenta sus obras en Bifocal, su primer muestra individual en Argentina. Hablar de Navarro es hablar de una obra que reinventa objetos cotidianos para criticar instituciones de poder y reflexionar acerca del pasado chileno. Este artista con trayectoria internacional vivió su niñez, adolescencia y juventud en un país sumergido en la oscuridad, la violencia y el miedo: Chile bajo la dictadura de Pinochet. Lejos de posicionarse en el papel de víctima Navarro apela al arte para denunciar.IMG_0947Su trabajo, a raíz de su forma, color y relación con el minimalismo norteamericano, atrae a quienes lo miran a la distancia. Pero a quienes ahondan en busca de los mensajes planteados, impacta e inquieta.

Disfrutar de una experiencia estética puede ser un buen plan, mas no es la propuesta del artista chileno radicado en Estados Unidos desde hace más de 20 años. Con una búsqueda que conjuga formalismos y aristas político-conceptuales, Navarro afirma que su trabajo está focalizado en “cuestionar el espacio físico del objeto, como un campo flexible e ilusorio que se expande de las normas clásicas de lo real y lo representado.”

Enterrar y callar.PNGPara acceder a la exposición, el espectador deberá adentrarse en las entrañas del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA). Descender al primer y segundo subsuelo y aceptar la oscuridad. Una inquietante que se mezcla con luces atractivas en colores llamativos, verdes, rojas y blancas. No está solo, sino que su presencia es acompañada por un cántico fuerte, de denuncia también que proviene de uno de los dos videos expuestos.

Primer subsuelo y 3 fosos. Como pozos infinitos, preparados para recibir y perder a quienes caigan en ellos, repiten un mensaje en luces de neón. Palabras que se pierden en la oscuridad. La misma dinámica se encuentra en este piso, a la vez que las luces varían su tonalidad y el visitante camina entre hojas de álamo secas.

IMG_0941.JPGSegundo subsuelo, cuatro esculturas y Totem. Es la primera obra que se ve al bajar. Una cabina grande, que simula una de vigilancia, construida en luces blancas y espejos a la altura de la cara. Encontrarse reflejado se convierte en un momento fuerte y la elección no es casual.

Muchos estímulos atacan al espectador y Bifocal puede ser difícil de asimilar en una primera instancia. Aun así, las ilusiones ópticas y su relación con lo ambiguo, torna a toda la experiencia en una interesante.

IMG_0956.JPGEl artista se nutre de la electricidad como arma de denuncia. La muestra presenta instalaciones audiovisuales y esculturas lumínicas. Poniendo en jaque la autonomía, presenta trabajos que no pueden valerse por sí solos, sino que dependen de una fuente de energía. Es esta electricidad, la clave en Bifocal. Navarro confiesa que la elección de los materiales –luces de neón, espejos y oscuridad– no es trivial ni aleatoria. Estos funcionan como una “herramienta de control.” Manuel Cirauqui, el curador, explica que el artista chileno “transformó a la resistencia en una cuestión eléctrica.” La luz se relaciona con la tortura o la vigilancia que sufrían las personas durante la dictadura, los espejos remiten a la escenografía propia de los interrogatorios llevados a cabo por los militares y la oscuridad a los apagones, como actos de terrorismo, que sufría la población.

IMG_0987.JPGLa obra de Navarro, entonces, goza de dos facetas. La estética, donde se lucen como obras geométricas y la reflexiva donde se develan las temáticas de índole social y el arte como reflejo de la violación de Derechos Humanos. “Mi trabajo siempre se ha nutrido de situaciones históricas difíciles que delatan el uso y abuso de la autoridad y la vigilancia”, cuenta el artista en una entrevista con Pablo León de la Barra, organizada por el MACBA.