por Candelaria Penido
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El Museo Nacional de Bellas Artes devolvió a la figura de la artista plástica Norah Borges al lugar de protagonista que merece. Por muchos años relegada, las obras de la artista argentina existieron fuera de foco, en su gran mayoría en colecciones privadas. Hoy (y hasta marzo) se puede conocer, descubrir o redescubrir la vida artística de Borges en Norah Borges. Una mujer en la vanguardia.

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“Esta exposición pone en relieve la figura y la producción de Norah Borges como artista visual inscripta en el movimiento ultraísta y en su prolífico rol de ilustradora de diversas publicaciones de vanguardia españolas y argentinas de comienzos del 1900” dicen las palabras del director del museo, Andrés Duprat.
Su obra se la inscribe en un contexto de vanguardias y modernidad, mas Borges logró desarrollar un lenguaje propio con sello personal. La perspectiva naif, los colores pastel, la supremacía de líneas y diagonales, las siluetas, y las figuras femeninas casi niñas, son algunos rasgos que sobresalen a primera vista y hacen de su producción una original.
La forma en que trabaja los fondos hace de su obra, una reconocible. En ellos encontramos calma -elemento central tanto en la composición de sus creaciones como en la actitud de sus personajes- a la vez que deja al espectador con la sensación de estar frente a una escenografía. Sus fondos, no simulan ser reproducciones de la realidad, sino que en base a las formas de la luz, líneas, macetas y fuentes sus pinturas son creadas. Son estos disparadores los que posicionan al visitante frente a escenarios maquetados.

A medida que se recorre la exposición, se van descubriendo pinturas como reversiones de la misma escena o lugar. Aun así, no solo se podrán apreciar cuadros de la artista, la muestra reúne más de 200 obras, en las que se encuentran pinturas, dibujos, grabados y objetos personales. Entre ellos, documentos, cartas, postales, fotografías, manuscritos y cuadernos. Dejando de lado el sentimiento invasivo que produce leer las confesiones de amor hacía su marido, Guillermo de Torre, tener acceso a sus relaciones (como la gran amistad que la unía a Silvina Ocampo) y a sus pertenencias (como la selección de sus libros de arte) nos permite adentrarnos en su forma de ver el mundo y comprender mejor su obra y trayectoria, tantos años relegada. Norah Borges. Una mujer en la vanguardia propone un recorrido por diferentes de las etapas de su vida. Comenzando con sus xilografías, cargadas, dinámicas, con temas religiosos o no, para luego pasar a su basta colección de ilustraciones, tanto para las revistas de la época Prisma, Proa, Martín Fierro y Valoraciones en el plano nacional como para Grecia, Ultra y Baleares en el español.chico-apoyado-1.jpg

Ilustradora de toda una biblioteca, con series cartográficas en su haber, Norah Borges se distingue por su sencillez y sutileza. “Me gusta que en mis cuadros todo esté quieto y en silencio”, la citan en el texto curatorial.
Sergio A. Baur, el curador, no se contenta con presentar las obras de la artista, sino que también otorga una salita a su producción como crítica de arte en la revista Los anales de Buenos Aires, donde escribía bajo el pseudónimo de Manuel Pinedo. Con una decisión curatorial interesante posiciona al espectador no sólo ante los comentarios que la artista hacía, sino que también ante los originales de los que está hablando. Es así como en esta parte se pueden encontrar obras de Antonio Berni, Guillermo Butler, Raquel Forner y Laura Mulhall Girondo, entre otros.

“Artista singular que desarrolló una obra original” la describe Duprat devolviéndole al lugar de una de las protagonistas de la vanguardia hispanoamericana de los años ‘20 y ‘30.