por Candelaria Penido
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Hace una semana, la escena de la literatura en Buenos Aires estuvo de fiesta. No solo el FILBA, (Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires) inundó la ciudad de actividades relacionadas con el libro, sino que deleitó a los fans literarios con la presencia de muchos autores internacionales. Entre los que se encontró la escritora norteamericana de culto, Lorrie Moore.

Con 10 libros publicados, que varían entre relatos, novelas y libros de cuentos Lorrie Moore es un emblema de la literatura contemporánea. Goza de diferentes premios como el Irish Times International Prize for Literature, el Pen/Malamud Award y el Rea Award for the Short Story. Es miembro de la American Academy of Arts and Letters. Y este año volvió a aparecer en las librerías argentinas gracias a la reedición, por Eterna Cadencia, de uno de sus principales trabajos ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas?, con la traducción de Inés Garland.

Una nouvelle vertiginosa, con múltiples instancias de lectura. En una de ellas, se cuenta la adolescencia de Berie Carr. Una chica audaz, temeraria, inteligente. El lector acompaña a Berie por su verano de 1972 y conoce a su gran mejor amiga Silsby Chaussée. Juntas atraviesan las típicas situaciones del período de transición de niña a mujer. Ese tiempo de secretos, posibilidades, errores, anhelos y frustraciones. Los clichés de estos años no faltan, como las motos, los enamoramientos y las mentiras. “Éramos tontas pero queríamos cosas: verano, noche, tragos, brisa en los brazos, la intensidad dolorosa de la música, o los caminos silenciosos y sin autos a orillas del lago, más allá de los estacionamientos, margaritas salvajes y pastos a los costados, y caminar, fumando”, dice la narradora en uno de los primeros capítulos. Escenas que se repiten en la vida de cualquier quinceañera, mas Lorrie, de repente y sin que el lector lo anticipe, las desnaturaliza.

Con tono astuto y humor mordaz, Moore logra guiar al lector por la tensión de la trama, sin que se desmorone en los picos ni se ahogue en el clima melancólico de la obra. La narrativa circular, que avanza y retrocede en la historia, sitúa al lector en distintos círculos narrativos. Como en espiral, se va introduciendo en una historia sólida que no se agota en sí misma. La novela comienza en París, con una Berie llegando a los cuarenta, casada y agobiada por la vida. Continúa en Horsehearts, un pueblo del norte de Estados Unidos cerca de la frontera con Canadá, donde Berie atraviesa su adolescencia. El lugar central del relato es el parque de diversiones Storyland, donde brilla el Sendero de los Recuerdos, paradójicamente el sitio que las amigas elegían para esconderse, relajarse y fumar, durante las jornadas del trabajo veraniego. Justamente son los recuerdos como senderos los que guían la trama, donde el pasado es la clave. En palabras de la narradora, “a pesar de todos mis impulsos y toda mi experiencia en la conservación del pasado, de mi manera profesional y sacerdotal de reservarlo y de cotejarlo con elegancia, nunca supe qué hacer con esos años de mi vida: llevarlos a cuestas, o amputarlos ¿dejarlos en libertad?”

Con espíritu proustiano, en la primera escena Berie se encuentra en un restaurante comiendo sesos de rana con la pura intención de volver a sentirse en su pasado. Así como el personaje principal de Proust moja la magdalena en el té y viaja a su niñez, Berie, aplasta las patas de rana contra su paladar y regresa a los bosques de su pueblo, a su preocupación por encontrar las ranas lastimadas por los otros niños, para curarlas y vendarlas y jugar por un rato a enmendar lo irreparable. Así es este viaje en busca del tiempo perdido al estilo Lorrie Moore, impregnado de una melancolía irónica que profundiza la empatía por los personajes. Personajes que se materializan en su esplendor pero que se desdibujan a medida que se avanza en las páginas, quedando la frialdad de la madre, la sensibilidad innecesaria del padre, la dureza de la abuela, la incomprensión de Mike y Claude en segundo plano, a excepción del brillo de Silsby.

Santiago Llach entrevistó a la autora en el Teatro Cervantes, frente a un auditorio completo, en una de las actividades del FILBA. Una de las preguntas se centraba en la elección de la temática del libro, a la cual Moore confesó que lo escribió simplemente porque nadie escribía sobre jóvenes mujeres de forma seria y adulta. “Es un momento muy importante en la vida de una mujer, muchas veces allí se termina de configurar su identidad y personalidad. Y noté que no había libros que hablen de estos años fundantes, así que decidí escribirlo.”

“¿Usted se considera una autora feminista?”, fue otra de las cosas que Llach le preguntó a partir del libro en cuestión. ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? fue escrito en 1994 y publicado en el país por la editorial Emecé hace más de 20 años. Aun así, se lo puede considerar muy actual, ya que toca cuestiones como la violencia de género, el aborto y el abuso. “Cuando se toman en serio cosas de mujeres que de otra forma quedarían relegadas, irremediablemente se está realizando un acto feminista”, contesto la escritora.

El libro está inundado de música, ritmo propio, comentarios sorpresivos y reflexiones existenciales. Gracias al trabajo minucioso de la traductora esta novela está a disposición del lector ávido de buscar y rebuscar, el lector que ahonda y disfruta de una prosa inteligente.