por Paula Bauer
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La muestra de Leandro Erlich en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) se viralizó primero y se visitó después.

Antes de su inauguración, el museo publicó en sus redes sociales una foto de la fachada del Malba de la cual colgaba un cartel que leía: “Erlich propiedades vende. Excepcional propiedad” y luego enumeraba los espacios con los que cuenta, la cantidad metros cuadrados y no olvidar, la cantidad de obras de reconocidos artistas que allí se encuentran, incluida una pileta climatizada.
A partir de esa publicación en Instagram, la foto se llenó de comentarios de gente que creía realmente que el museo se encontraba en venta o por el contrario, de aquellos que habían develado el misterio. Esta era la primer obra de la muestra.
Sin embargo, muchos no parecían conformes con la misma, citando que ya se había realizado anteriormente por el MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá). A diferencia de la obra de Erlich, el museo colombiano buscaba recaudar fondos y realizó una intervención para llamar la atención y alertar sobre su situación.

A pesar de las reacciones contrarias que generó la imagen, la campaña publicitaria por la exposición había cumplido su cometido: todos estaban hablando de la próxima inauguración “Liminal”.
Este tipo de respuesta por parte del público ya se había escuchado hace unos años atrás, cuando el artista logró que todos hablaran de él, cuando realizó la obra “La Democracia del Símbolo”, que consistió en remover la punta del Obelisco y colocarlo en la explanada del Malba. Haber intervenido uno de los monumentos más visitados en Argentina, consiguió que el artista y su obra circularan en los medios principales y que estuvieran en boca de todos.

Entonces se puede pensar que publicar esa foto en las redes no se trataba simplemente de una jugada de prensa del Malba, sino que fue parte de la astucia del trabajo de Erlich.

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Probablemente la obra estrella de la muestra sea La pileta. La misma es parte de la colección permanente del 21st Century Museum of Art of Kanazawa en Japón y se presentó en la Bienal de Venecia en el 2001, donde comenzó el furor por la obra. Las fotos de La pileta ya habían circulado por Instagram cuando se popularizaron y los usuarios de las redes empezaron a preguntarse de que se trataba esa curiosa piscina en la cual se podía caminar dentro sin mojarse y sin flotar.

El público joven no pudo evitar querer conocerla y el día de la inauguración las colas multitudinarias para entrar anunciaban que “Liminal” sería una exhibición Blockbuster, y efectivamente, la muestra es de las más concurridas del museo hasta el momento. En parte, ese éxito inmediato se debe al zeitgeist de nuestro tiempo, en el que se vive a través de una pantalla, inundados por la tecnología. Si un acontecimiento no fue inmortalizado en un posteo en las redes sociales quiere decir que no sucedió, por eso todos quieren una selfie en La pileta.

Ahora bien, la obra de Erlich juega con esa dicotomía entre lo real y lo virtual, o más bien, con los limites difusos entre ambos.Sin título2.pngLas instalaciones son ambientes o porciones del mundo cotidiano, como un avión, una peluquería o una nube, pero ¿cómo se traslada eso a la sala de un museo? Una nube es una acumulación de vapor acuoso en la atmósfera, ¿cómo guardarla con una forma perfecta e inmóvil en una caja de cristal? Esas son las preguntas que uno se hace frente a la serie “Clouds”, y Erlich tiene las respuestas. De hecho, no solo responde mostrando explícitamente el artificio que usa para conformar a la obra, sino que también incorpora un elemento lúdico a las mismas. Los títulos de las tres obras de la serie que se encuentran en la exposición son “Brain” (cerebro), “Sudamérica” y “Maní”, haciendo alusión a las formas que parecen tener las nubes. Podrían indicar, incluso, un elemento de reminiscencia a la infancia o a una vida idílica, en la que las horas se pasan mirando al cielo y encontrando figuras en esas masas de agua condensada que vuelan sobre la tierra.

Sus instalaciones de magnitud arquitectónica son un trompe-l’oeil que transportan al espectador a una escena de realidad virtual a través de esos juegos ilusorios, pero sin abandonar el mundo material.

Esto es algo usual en las instalaciones del artista, a simple vista reconocemos el objeto con el que trata pero a medida que nos acercamos, nos damos cuenta que el mismo, no cumple su función normal. Son escaleras que no llevan a ninguna parte y ascensores que no suben ni bajan.Sin título3.pngA través de las obras “La vista” o “Vecinos”, podemos observar escenas domesticas ajenas. Espiamos a otros o miramos a través de un agujero en la pared, esperando a lo que está por llegar a la puerta. La obra nos hace cómplices de lo que estamos observando, lo que nos obliga a cuestionar hasta nuestras acciones más mundanas. Husmear la charla de los habitantes del edificio de enfrente no es tan distinto a consumir la vida que lleva un perfecto desconocido en alguna red social. Estas obras son un estudio de nuestros comportamientos como actores sociales en un mundo cada vez más absorto por la tecnología.

Con su obra Erlich logra romper fronteras. No solo las geográficas, haciendo exhibiciones internacionales y siendo reconocido a nivel mundial, sino también fronteras sociales. Sus instalaciones viran entre lo fantástico y lo onírico, a la vez que nos hacen reflexionar sobre la realidad en la que vivimos y el rol que cumplimos en la sociedad.

Estamos siendo constantemente interpelados por la obra. Desde el momento en que caminamos por la calle y nos damos cuenta que al Obelisco le falta la punta; cuando entramos al museo y formamos parte del juego de ilusiones; y cuando salimos y nos preguntamos ¿en qué mundo vivimos? Porque ya nada es lo que parece y todo es posible.