por Candelaria Penido
IG: @candepenido
mail: candelariapenido@hotmail.com

El Museo Nacional de Arte Decorativo es un emblemático palacete de la aristocracia argentina del siglo XX. Que no solo es la casa de una vasta colección de pinturas, tapices, esculturas, cerámicas, mobiliario y libros; europeos y orientales del siglo XIV en adelante, sino que, actualmente, aloja distintas experiencias.

Ingresar en la ex morada de los Errázuriz-Alvear es ingresar al lujo y confort de una familia patricia argentina del 1900. Palacio con estilo neoclásico francés, que inmediatamente te transporta a París. Con sus maderas oscuras, tapices gigantes, arañas flamencas y mármoles inmaculados. Dorado y espejos. Los ojos no saben dónde posarse, volátiles intentan incorporar todo. Las esculturas que te acogen con sonrisas, los imponentes cuadros que ocupan las paredes enteras del recibidor, los libros gigantes con sus hendiduras de oro y a lo lejos un óleo de El Greco, uno los elementos más preciados de la colección. La cual los hijos del matrimonio de Matías de Errázuriz Ortúzar y Josefina de Alvear, le vendieron al Estado Nacional en 1936, un año después de la muerte de su madre.
Esta residencia señorial urbana, construida por el arquitecto francés René Sergent, revela el estilo de vida de estas familias. Los cuartos se conservan, en su gran mayoría, como fueron utilizados. Así, nuestra imaginación juega con el piano de la sala de música, la cama de la habitación principal, los perfumeros del baño y la mesa del comedor. Viajamos en el tiempo, más de 100 años atrás, ya que esta residencia con influencias francesas e inglesas fue inaugurada en 1918.
Pero, nuestras ideas de bailes suntuosos y extravagantes veladas se ven interrumpidas apenas se ingresa al Grand Hall. Su estilo tradicional Tudor fue invadido por elementos de otro reino. El vegetal, el natural, el celular. Ocho estructuras blancas, sobre pequeñas alfombras redondas, ocupan el espacio. Es Playa de Crisálidas, una de las cuatros estaciones que conformaba la exposición de Cabinet Oseo, Reinos, que concluyó a comienzos de mayo. Pero el que no haya tenido oportunidad de visitarla, el universo orgánico creado por la escultora Celina Saubidet y la diseñaroda industrial Marina Molinelli Wells aún está presente en este salón. Es la forma que conecta y se cristaliza en una memoria eterna. Es la “escultura como espacio inmersivo que revela a gran escala lo que es diminuto en su origen”, dicen las palabras de Silvia Gurfein, la curadora.

Reinos - Playa de Crisálidas de Celina Saubidet y  Marina Molinelli Wells.jpg
Reinos – Playa de Crisálidas de Celina Saubidet y Marina Molinelli Wells

Una experiencia que invita a tocar, probar, trepar, estos cuerpos blancos que remiten a las membranas blandas de los organismos vivos, o a las mismas células. Hay un contraste constante entre luz y sombra, forma y fondo, naturaleza e imaginación, realidad y fantasía. A partir de esta fábula narrativa, nos encontramos con mundo nuevo que atrae, donde la crisálida es sinónimo de proceso y materia, de tránsito hacia lo evolutivo, el recorrerlas e interactuar con ellas, nos dejan como visitantes una experiencia de transformación.
“A través de muestras permanentes, exhibiciones temporarias y actividades culturales, se propone un diálogo sinérgico y estimulante entre los testimonios artísticos del pasado y las creaciones del presente”, dicen las autoridades del Museo desde su página web.
Seguimos avanzando por las habitaciones de este grand hôtel particulier, entre esculturas de Rodin, elementos de chinoserie como cómodas y jarrones, formas rocailles y espejos con marcos dorados. Para encontrarnos luego con la Acción 213 de BIENALSUR 2019. La Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur. Proyecto creado en 2015 por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que “toma su forma de los intercambios y de la horizontalidad en las relaciones entre los distintos actores e instituciones de la escena artístico-cultural.” Un trabajo colaborativo, que no se cierra en formatos estructurados, integrado en esta edición por 20 países, 44 ciudades y más de 110 sedes.

Un resabio de austera luminosidad o Acción 213 de Reza Aramesh.jpg
Un resabio de austera luminosidad o Acción 213 de Reza Aramesh

Un resabio de austera luminosidad, es la obra de Reza Aramesh que se encuentra en el salón de baile. Tres biombos que intervienen el saloncito francés. Impactan. Estas nueve imágenes son tomadas por el artista para explorar los límites de la representación. Vemos impresa en cada cara del biombo una silueta arrodillada. Dentro de ella encontramos personas o paisajes. Aramesh propone generar un “shock de sentido al forzar el encuentro de las imágenes y los dispositivos de horizontes culturales lejanos”, dicen las palabras de Diana B. Wechsler, en el texto curatorial. El motivo de la indagación son las migraciones. Pretende cuestionar las condiciones prestablecidas en la sociedad.
Para esto pone en juego un dispositivo antiguo, un biombo, propio de las culturas orientales, con múltiples caras, que utiliza para contar un relato. Este lo compone a partir de las imágenes. Por un lado una silueta arrodillada, como símbolo del sometimiento y la violencia política contemporánea. Por el otro, dentro de esta silueta arrodillada, nos encontramos con dos escenas. Fotos de paisajes idílicos que a la vez son zonas de conflicto como Vietnam, África y Medio Oriente; y fotos con referencias históricas y sus protagonistas. Nueve imágenes que llaman la atención, que juegan con la luz, que incomodan, que sofocan. Que no se encuentran, ya que el dispositivo impone tanto a las imágenes como al público, a estar de un lado o del otro del biombo. “Quien ve las siluetas sometidas en escenarios de conflicto, no puede ver el paisaje utópico que está del otro lado y viceversa.”

 

BIENALSUR promueve la construcción de nuevos puente de diálogo, haciendo de cada espacio de arte un lugar de pensamiento.

Modos de Ver, El Hotel del Universo de Pierre Ardovin
Modos de Ver, El Hotel del Universo de Pierre Ardovin

Otra de las experiencias con la que nos encontramos en el Museo Nacional de Arte Decorativo se despliega en el subsuelo. En un edificio con estética francesa, se propone un acercamiento a la escena del arte contemporáneo en Francia. Por primera vez en Argentina, se exhibe una selección de artistas ganadores del Prix Duchamp. Es Modos de ver, otra expresión de BIENALSUR. Donde a partir de tensiones y contrastes, una instalación y cinco proyecciones descubrimos distintas realidades a partir del mix de imaginarios, situaciones, escenas, cortos y rituales que proponen los artistas. Con la migración también como tema, vemos diversas formas de interpretarla. Imágenes rápidas, videos lentos, situaciones estáticas, palabras que se pierden en el espacio, oscuridad y grabaciones de cámara de seguridad. El Hotel del Universo y el fondo del mar. Nos olvidamos dónde estamos e intentamos romper la máxima del texto curatorial “solo vemos lo que sabemos.”

Laberintos pesados, que nos hacen pensar. Luego de conocer, inspeccionar, reflexionar e interactuar, salimos al aire del frío invierno. Respiramos profundo. Admiramos el palacio desde afuera y recordamos que nos falta dar la vuelta y recorrer el pequeño jardín francés que evoca al del Palacio de Versalles. Al girar a la izquierda nos encontramos con la última acción de BIENALSUR en el Museo.

Segno Arte, de Michelangelo Pistoletto. Una puerta naranja, un postigo que permite “el ingreso de todas las personas al arte”, dice el artista. En este caso, permite además, el ingreso al jardín y su fuente con el cisne. Pistoletto, uno de los máximos exponentes del Arte Povera (arte pobre), considera que Segno Arte, está relacionado con la identidad del ser humano y a su vez, remite al Hombre de Vitruvio, de Leonardo Da Vinci.

Segno Arte, de Michelangelo Pistoletto.jpg
Segno Arte, de Michelangelo Pistoletto

Una salida, múltiples experiencias. Diferentes, enroscadas, profundas que se esparcen por el museo de forma orgánica. Irrumpiendo con el pasado para traernos al presente y despertarnos. El Museo Nacional de Arte Decorativo, por sí solo invita a deslumbrarnos con la aristocracia de lo que fue. Al combinar los espacios con resabios actuales, invita a salirnos de lo esperado, a sorprendernos y emocionarnos. Y por qué no, a tomar acción.