por Paula Bauer
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Mucho se ha hablado (y escrito) sobre la diferencia entre las Bellas Artes y las llamadas, artes menores. Ya su adjetivo denota que se trata de algo secundario, que no puede alcanzar la categoría opuesta.
A la pintura y a la escultura siempre se las consideraron Mayores, contrariamente a lo que pueda resultar utilitario o artesanal.
Estos conceptos fueron cuestionados por las vanguardias, las cuales Edgardo Antonio Vigo admiraba.
Para el artista, la pintura de caballete, no resultó ser la manera adecuada de hacer arte. Sí lo fue, en cambio, una vía experimental y alternativa, por fuera de los cánones e instituciones.
El título de la muestra “
Al centro del margen” denota una búsqueda por encontrar algunos de esos lugares por los que Vigo se movía y en los que producía. Gran parte de la obra de Vigo trata de eso, de moverse, de correrse de los ejes y abrir otros caminos.

La muestra en la galería MCMC (María Calcaterra Moderno y Contemporáneo) hace una recorte del enorme corpus de obra del artista para proponer algunas lecturas.

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Una primer sección hace foco en su producción xilográfica. Vigo fundó el Museo de la Xilografía; su principal característica era la de ser ambulante, lo que solo era posible gracias a la reproductibilidad del medio. Justamente este proyecto evidencia el afán por la reproducción y circulación de su obra.
En este mismo sentido se puede entender su producción de arte correo. Estas obras son de pequeño formato, lo que facilita su difusión y logran un sentido de estar finalizadas una vez que son recibidas por otra persona. No se trata de una obra de arte única e irrepetible, ni de la idea del artista como genio creador.

Por esta razón también se desempeñó en el ámbito de la edición, llevando adelante revistas como WC , DRKW, Diagonal CeroHexágono’71.

Este tipo de producciones se puede ver en otra de las secciones de la exhibición. Junto con poesías visuales y registros de sus “señalamientos”, es evidente el intento de la galería por recabar todo tipo de documentación en relación a estos trabajos con el fin de poder crear un archivo de la obra del artista.

En un primer momento Vigo mantiene un sentido irónico y lúdico en alguna de sus obras, resabios del dadaísmo. Por ejemplo, Culto latinoamericano, en la que se ven fotografías del artista bebiendo de una serie de latas. Las mismas son parte de la obra y llevan etiquetas que dicen en ingles: “geografía, inglés, latín, español, geometría, alemán, biología y química”; estos son los elementos que conforman el “curso acelerado para adquirir nivel de latinoamericano culto”.

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Luego, a partir del régimen militar y la desaparición de su propio hijo en la década de los ‘70, su obra toma un tono más político y comprometido.
Estos medios alternativos de producción resultaron ser imprescindibles en épocas de censura.
Teniendo en cuenta ese contexto, MCMC también expone obras de Juan Carlos Romero y Horacio Zabala, entre otros, quienes participaron de estas búsquedas por medios alternativos y usaron su obra como forma de crítica y denuncia.

Junto a ellos, Vigo formó parte del círculo de artistas del Centro de Arte Visuales del Instituto di Tella y del CAYC (Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires), dirigidos por Jorge Romero Brest y Jorge Glusberg respectivamente.
Estos espacios eran sinónimo de innovación, punto que acompañó a Vigo en toda su trayectoria.
A través de su incansable y tan variado trabajo, podemos dar cuenta en esta muestra de un artista polisémico y experimental.

Podríamos decir que su obra ayudó a “Sembrar la memoria para que no crezca el olvido”, como se titula uno de sus poemas visuales.
Irónicamente, lo que vuelve a poner al artista en el centro, fue su elección de mantenerse en los márgenes.