Por Art & Notes

Si alguna vez (o varias) has visitado el Museo de arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), quizás te hayas encontrado con dos emblemáticas obras, las que nunca les falta espectadores. Estamos hablamos por un lado, del famoso cuadro de Frida Kahlo, “Autorretrato con chango y loro” (1942), pero hay otro caso, quizás no tan obvio para el espectador, y se trata nada más ni nada menos que de la aclamadisima “Abaporú” (1928) de Tarsila do Amaral.

Ahora bien, ¿por qué es considerada una de las piezas más importantes del museo?

Comencemos conociendo un poco mejor a la artista.
Tarsila do Amaral fue una pintora brasileña nacida en Sao Pablo en 1886. De familia adinerada y bien posicionada, recibe educación inicial en España. Al regresar a Brasil mantiene un corto matrimonio con el primo de su madre con quien tendrá su primer hija. Desde un principio, la joven artista se vincula en el campo de las artes visuales realizando trabajos en talleres de artistas plásticos, estudiando dibujo y pintura para luego en 1920 embarcase hacia Europa con la finalidad de de absorber las nuevas tendencias artísticas.
La artista se emerge dentro de un contexto de puro auge vanguardista. Para Tarsila, todo aquel movimiento cultural, se le presentará como gran oportunidad de absorber  nuevas tendencias artísticas Europas, sirviéndole de gran influencia, pero a su vez, tiene como consecuencia una proceso de retroflexión y cuestionamientos relacionados a sus producciones artísticas.
Es allí donde descubre la obra de pintores cubistas y futuristas, como por ejemplo de Fernan Léger, quien será clave para sus obras posteriores.
Al regresar a su ciudad natal, Tarsila comienza enseguida a vincularse con el arte moderno brasileño, y específicamente, se relaciona con el llamado “Grupo de los Cinco” (Anita Malfatti, Menotti del Picchia, Mário de Andrade y Oswald de Andrade).
El grupo había participado en la Semana de Arte Moderno que tuvo lugar en Sao Pablo en el año 1922, y consistía en trabajar durante 22 semanas diferentes aspectos culturales (pintura, poesía, literatura y música).
Hay que aclarar, sin embargo, que la artista brasileña no llega a participar del aquel acontecimiento ya que se encontraba todavía en París, pero ser comprometerá rápidamente con la situación social y cultural que se llevando a cabo en aquel momento.
En la llamada Semana del arte, se reflejó lo que fue en la representación, un leguaje de actualización artístico en pos de la experimentación y la libertad creativa para romper con las tradiciones clásicas y el pasado tradicionalista.
El reencuentro de Tarsila con su país, definió por completo su producción artística. Reconociendo sus raíces y reforzando su cultura, la artista tomará Brasil como temática central.

“Morro da Favela”, 1924  / “Carnaval en Madureira” 1924 , 

Atraída profundamente por las ciudades históricas, realizará dibujos, estudios y bocetos que se verán caracterizados por un estudio profundo de los colores locales, influenciada también, por la planificación espacial de los cubistas junto a una estilización geométrica de las figuras humanas.

Pasemos directamente al análisis concreto de la obra que nos interesa: Abaporú

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El lienzo fue realizado en el año 1928 como obsequio para su entonces marido, el escritor Oswald de Andrade. Tras las emociones de admiración y asombro que le generó la obra, decide junto al escritor Raul Bopp, dar inicio a un movimiento al que llamaran “Movimiento Antropofágico”.
Podemos rastrear su origen a partir del lanzamiento de la Revista de Antropofagia, donde publican el Manifiesto ese mismo año.

¿Antopo – qué?
Explicando rápidamente, la noción antropofágica fue planteada por los modernistas brasileños remitiendo directamente a los rituales que realizaban los indios Tupínambaes. Una práctica donde se devoraban (literalmente) a sus enemigo de guerra. El canibalismo era símbolo de interiorizar, absorber y comer la subjetividad del otro, es decir, me hago de las cualidades de otro ser.

¿Qué es lo que pretende aquel movimiento y por qué será Abaporu la obra representativa?
Al tomar de base simbólica aquel proceso ritual, y luego des-configurar el proceso antropofágico de manera teórica, la antropofagia se planteará como proceso de absorción, asimilación, y replanteamiento crítico de la cultura europea, transformándola de manera consciente hacia ciertas temáticas y estéticas locales.
El manifiesto Antropofágico mantiene su raíz en la historia de la civilización brasileña. Con irónica de influencias teóricas, aforismos y metáforas, se pretende señalar su contradicción cultural, en cómo lo “Primitivo” (amerindia y africana) y lo “Latino” (herencia europea) forma la cultura brasileña.
Sus autores reflexionan sobre el proceso de una violenta transformación cultural, donde ya no se trata de una armoniosa asimilación, sino más bien, la deglución crítica del otro, al hombre moderno, al hombre civilizado.
Partiendo de esta reflexión teórica, los artistas brasileños pretenden desarrollar un arte moderno en búsqueda de un nuevo lenguaje artístico.

ABA-PORU.
El nombre de la obra lo podemos relacionar directamente con lo tratado anteriormente ya que se trata de la fusión de dos palabras del idioma tupí-guaraní, significando, por un lado ABA (Hombre) y PORU (Come), es decir, COME HOMBRE.
En la pintura se puede ver un hombre con grandes pies y manos, la cual sostiene su pequeña cabeza. Los único elementos que acompañan al personaje son: un sol y un cactus.
El personaje con un cuerpo sumamente desproporcionado, podría simbolizar el trabajo físico que requería el hacedor de la tierra. No es casual así, que se hayan desproporcionado los miembros del cuerpo más importantes para dicha labor.
Con respecto a la pose, podríamos detectar cierto sentimiento melancólico. Su cabeza está posicionada de tal manera que nos exprese tristeza o cansancio.
Aquel agigantado pie, el cual ocupa la mayor parte de la obra, representa a su vez un fuerte sentimiento de arraigo. Afirmamos la interpretación cuando, resumiendo los elementos identificables que la artista decide colocar, nos damos cuenta que únicamente se trata de elementos naturales, (tanto como el sol y el cactus).

A modo de conclusión
Para poder conocer más acerca de la obra, nos acercamos al museo y tuvimos la oportunidad de hablar con Diego Murphy, quien desarrolla la tarea de educador dentro del museo hace más de 10 años.

Tras recorrer un poco la historia de la artista como anteriormente comentamos,  haciend énfasis más específicamente en el por qué de su importancia en la historia del arte. Por otro lado, remarcó también la importancia de un detalle que quizás a simple vista no solemos darnos cuenta; en un sentido formal, la obra está realizada simplemente con formas curvas, es decir, la artista compone sus pocos elementos, a través de la curva. No hay rectas, líneas ni contornos que sugieran abruptos límites. La simplicidad de tal gesto, habla, sin embargo, de una identificación formal, artística y brasileña con la cual se desprende un sentimiento de mayor armonía.
Al regreso de su estadía en Europa, la artista no sabe cómo ubicar lo aprendido a su campo artístico local. ¿Por qué? Simplemente porque la línea recta, los ángulos, y las rectas, normalmente reconocidos en las vanguardias, no eran parte de la identidad  estéticas naturalizadas brasileñas. En cambio, la curva le proporcionó un sentido mas orgánico y armónico hacia la búsqueda de un arte moderno pero a su vez nacional.

Tras contarnos algunas historias sobre aquel ámbito artístico donde la artista circulaba, Diego nos ayudó a escabullirnos dentro del revolucionario movimiento cultural que se estaba llevando a cabo en Brasil a principios del siglo XX, y tratando de dar respuesta a nuestra inquietud, situó a nuestra artista, como especie de ‘salvadora’ ante el cuestionamiento que se planteaban todos los artistas brasileños; ¿Qué hacer con las influencias artística europeas y la producción de un arte nacional identitario?
Es así como Tarsila ‘resuelve’ el gran dilema: de manera antropofágica, deglute críticamente la vanguardia europea – específicamente de Leger, ya que es el único cubista que trabaja con la curva- para luego aportarlo y enlazarlo con características de un arte específicamente local, (como por ejemplo la curva, los colores y las temáticas).