por Candelaria Penido

Art & Notes te propone que disfrutes de esta celebración, recorriendo con nosotros 14 obras de arte donde el beso -signo universal y eterno del amor- es el protagonista.

Distintos tipos de amor plasmados en la historia del arte, representados por distintos artistas, en distintas épocas y estilos. ¡Enamorate de ellos!

Amor prohibido

1. Jupiter e Io, Tiziano.jpg
Pareja abrazada o Júpiter e Io, Tiziano Vecellio.
1564-1568. Carbonilla sobre papel. 25, 2 x 25,8 cm. Museo Fitzwilliam, Cambridge, Inglaterra.

La pareja abrazada, besándose que aparece en el dibujo, fue realizada con un trazo leve y desprolijo. Las figuras fueron representadas de forma tal que la borrosidad y la falta de definición confunde al espectador. El artista italiano no solo plasmó el mito latino de Júpiter e Io, sino que eligió mostrar la escena donde el Dios romano invade la Tierra de niebla para así esconderse de su esposa Juno y poder poseer a la doncella, de la cual él estaba enamorado. Mareándose con las curva y el movimiento, marcas propias del período manierista en el que fue realizada la obra, el espectador puede percibir la intensidad del momento, la intensidad del rapto y la intensidad del beso.

Sin salida

2. El Cerrojo, Jean-Honoré Fragonard.jpg
El Cerrojo, Jean-Honoré Fragonard.
1784 .Óleo sobre lienzo. 92 x 72 cm. Museo del Louvre, Paris, Francia.

Los principales temas del Arte Rococó fluctúan entre el amor terrenal, lo erótico, la mujer con su cuerpo desnudo y las escenas de fiesta. Siempre con un dejo de elegancia. Esto se puede apreciar en El Cerrojo de Fragonard, donde el artista sintetiza visualmente la instantaneidad de la seducción: un joven, noble, bello, consigue vencer los principios morales de una mujer noble o burguesa, también joven y bella, casada y fiel gracias a un proceso de persuasión. Los personajes quedan encerrados, por un cerrojo, separados del mundo. El artista presenta lo instantáneo, lo delicado y lo erótico, enfatizado por el lugar en que transcurre la escena. Un espacio interno, un cuarto; pintado en colores cálidos. A su vez, se reconocen algunos elementos que indican lo que va a suceder, como la manzana, símbolo del pecado original y las ropas del personaje masculino ligeras, sueltas, desabrochadas con pies descalzos, cabellos sueltos y desordenados. Ella está pintada como se representaban a las mujeres en este período. Con actitud complaciente, abandonada, dichosa. La luz nos indica a dónde mirar. La escena principal es la pareja. Luego, la penumbra se apodera de la intimidad.

Amor erótico

3. Amantes, Kitagawa Utamaro.jpg
Amantes, Kitagawa Utamaro
1788. Estampa sobre madera. 25, 4 x 36, 9. British Museum, Londres, Inglaterra.

Esta estampa forma parte de la serie de obras Poemas de Almohada, similares a los libros ilustrados. En este caso sobre sexo y erotismo. Pertenece al género Shunga. El poema en cuestión se encuentra inscripto en el abanico del hombre y dice: “Preso su pico / entre las valvas de la almeja / No levanta vuelo la agachadiza / esta tarde de otoño”. Con su dibujo sinuoso, por momentos muy detallista y por otros casi minimalista, Utamaro representa a dos amantes dándose un beso en una casa de té, lugar apropiado para los encuentros amorosos en esa época y cultura.

El momento previo

4. Psique reanimada por el beso de amor, Antonio Canova.jpg
Psique reanimada por el beso de amor, Antonio Canova
1793. Mármol. 1,55 x 1,68 m. Museo del Louvre, Paris, Francia.

Escultura neoclásica, símbolo del deseo. Canova representa el momento sensual en que cada noche Eros aparece para amar a su esposa Psique, quien permanecía oculta de los celos de Afrodita, madre de Eros. El dios griego le rodea con su brazo izquierdo el torso y el pecho desnudo mientras coge con su mano derecha su cabeza y la mira con pasión. Ella, en pleno éxtasis, alza sus dos brazos rozándole el pelo. El artista refleja la emoción del instante previo al beso.

Amor de juventud

5. El Beso, Francesco Hayez.jpg
El beso, Francesco Hayez
1859. Óleo sobre lienzo. 110 x 88 cm. Pinacoteca Brera, Milán, Italia.

Ambientada en el período medieval, la obra del artista italiano Hayez viene aparejada a dos lecturas. Una, la más inocente, nos permite encontrarnos frente a dos jóvenes enamorados que se besan antes de una partida. Él lleva el sombrero y la capa puesta a la vez que tiene colocado su pie, en el primer escalón. La segunda, algo más sutil, de carácter político. Se habla de la representación de la alianza entre los reinos de Piamonte y Cerdeña con Francia. Esta interpretación se aprecia en los colores de las ropas. Estos son los de las banderas italiana y francesa que se unen, como estos dos amantes, para luchar contra el dominio de los austriacos. Tanto la carga emotiva, el sentimiento apasionado, como la solemne escenografía y el valor civil convierten el cuadro en una expresión del arte romántico italiano.

Amor escandaloso

6. Reina de la alegría, Henri de Tolouse-Lautrec.jpg
Reina de la alegría, Henri de Tolouse-Lautrec
1892. Litografía. 28,3 x 94 cm. Museo Toulouse-Lautrec, Albi, Francia.

La yuxtaposición de colores primarios, la importancia del dibujo y la planitud general del afiche datan la influencia de la estampa japonesa en el trabajo de Tolouse-Lautrec. En este caso, un cartel publicitando la novela de su amigo Victor Joze, que lleva el mismo nombre, “Reina de la alegría”. La diagonal en la composición deja entrever por un lado, el título del libro y por el otro, representa a una cortesana dando un beso a un financiero llamado Olizac, en la historia. Resultó escandaloso y censurado al considerarse una burla a las inapropiadas relaciones entre la clase alta y las trabajadoras de los cabarets. Relaciones que eran un secreto a voces pero que se escondían tras las puertas de los lugares del placer.

Bailando de a dos

7. El Vals, Camille Claudel.jpg
El Vals, Camille Claudel
1895. Bronce. 18 x 45,7 cm. Colección Privada.

Obra polémica de Camille Claudel. A primera vista, simplemente se aprecia una pareja bailando un vals. Llevados por su impulso en un núcleo representado por el movimiento del drapeado. La bailarina pareciera estar colgada de su compañero, jugando con su equilibrio, al borde de la caída. Él actúa como su máximo sostén. Por muchos, interpretado como espejo de su relación con el problemático artista Auguste Rodin. Camille crea la escultura apenas este la deja. Su mundo se tambalea. En la pieza original, sus protagonistas bailan desnudos. Fue condenada por la dirección de la Sociedad Nacional de Bellas Artes por su exagerado erotismo donde “la pareja parece querer acostarse y terminar el baile  haciendo el amor”. Es así que la artista rectifica su creación vistiendo a la bailarina hasta la cintura, para una versión que solo evoque lo sensual.

La batalla llamada amor

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El Beso, de Edvard Munch
1897. Óleo sobre canvas. 99 x 81 cm. Museo Munch, Oslo, Noruega.

La pintura presenta un beso en la oscuridad, donde la cara de los amantes se desdibuja, fusionados en su amor. Con un abrazo paralizado en el tiempo, intimo, fuerte y eterno. El expresionista eligió pinceladas gruesas, donde el principio y final de los cuerpos se confunden en una simbólica representación de su unidad. Munch realizó distintas versiones del El Beso, tanto en pintura como en grabados sobre madera entre 1888 y 1889, siempre remarcando un contraste entre el mundo de la pareja y el mundo vibrante del exterior. El motivo era parte de la serie “El friso de la vida”, donde se presentas distintos momentos de una relación de pareja, parte de lo que el artista llamaba “la batalla entre hombres y mujeres llamada amor”.​

Simple y puro

9. El Beso, Rodin.jpg
El Beso, Auguste Rodin
1899. Mármol. 181,5 x 112,5 cm. Museo de Rodin, Paris, Francia.

En su origen la escultura fue pensada para ser ubicada en Las Puertas del Infierno. Representaba a Paolo y Francesca, personajes de La Divina Comedia, poema de Dante Alighieri, quienes fueron condenados a errar por los infiernos por el marido de Francesca al encontrarla besándose con su amante. A los años, el escultor tomó conciencia de que esta representación de sensualidad estaba en contradicción con la obra de Alighieri y la removió del conjunto, dejándola como pieza individual. Como ningún detalle anecdótico hacía recordar la identidad de ambos amantes, el público fue quien bautizó a la escultura como El Beso.

Amores que florecen

10. El Beso, Gustav Klimt.jpg
El Beso, Gustav Klimt.
1908. Óleo y pan de oro sobre lienzo. 180 x 180 cm. Österreichische Galerie Belvedere, Viena, Austria.

La obra pertenece al Periodo Dorado de Klimt, donde el artista fue inspirado por mosaicos bizantinos. Es uno de los cuadros más conocidos del pintor, donde se distinguen distintos estilos. Por un lado, las figuras de los amantes y los movimientos responden a los cánones del Art Nouveau. Por el otro, el diseño de la ropa que los viste responde más al Arts and Crafts. El Beso tiene también, distintas interpretaciones. Se puede observar a dos amantes fundidos en la pasión, perdidos en un universo propio. Otras lecturas hablan del sometimiento en el amor y otras consideran que Klimt eligió representar el mito griego de Apolo y Dafne, ninfa que se convierte en árbol (aquí representado por las ramas y hojas que se desprenden del vestido de la mujer) para escapar de la lujuria de Apolo.

Un amor más fuerte que la física

11. Cumpleaños, Marc Chagall.jpeg
Cumpleaños o El Beso, Marc Chagall
1915. Óleo sobre cartón. 80,6 x 99,7 cm. Museo de Arte Moderno, Nueva York, Estados Unidos.

Parte de la serie de pinturas que celebran el amor de Chagall por Bella, su primer esposa. Pintado justo antes de casarse, el artista inmortaliza un momento de felicidad compartida. Tanta era la felicidad que brotaba de él que vencía las fuerzas naturales y científicas para volar por el aire. Flotando se besan y disfrutan. “Abría la ventana y junto con Bella entraban en mi cuarto azul de cielo, amor y flores. Vestida toda de blanco o de negro aparece desde hace ya tiempo en mis cuadros, como guía de mi arte”, decía el artista en su autobiografía, Mi Vida.

Amor sin palabras

12. Los amantes, Rene Magritte.jpg
Los Amantes, de René Magritte
1928.Óleo sobre lienzo. 54,2 x 73 cm. Colección privada.

Amor que asfixia, amor que no ve, amor ciego, amor que ama incondicionalmente, justamente por no ver al otro. Mucho se ha especulado con este beso entre un hombre y una mujer que tienen la cara cubierta por un velo. La angustia y la desesperación florecen al apreciar el trabajo del surrealista. El artista no explica nada, deja que se hable, especialmente de la alusión al suicidio de la madre, ahogada en un río, cuando Magritte tenía 13 años. Al remover el cuerpo del agua, el niño le vio la cara cubierta por un trapo húmedo. Elemento recurrente en sus cuadros.

Un sueño realizable

13. We rose up slowly, Roy Lichtenstein.jpg
We Rose Up Slowly, Roy Lichtenstein
1964. Óleo y magna sobre lienzo. 173,5 x 234.5 cm. MMK Museum für Moderne Kunst, Frankfurt, Alemania.

“Nos levantamos despacio, como si ya no perteneciéramos al mundo exterior, como nadadores en un sueño brumoso, donde no necesitan respirar”, el mensaje romántico que acompaña la obra. Este contextualiza la imagen de los enamorados, como dentro de un sueño, besándose entre aguas turbias y movedizas, solo amándose. Junto con Andy Warhol, Roy Lichtenstein fue emblema del Pop Art. Se dedicó a ilustrar sus obras como si fueran parte de un libro de comics. A diferencia de su trabajo habitual, con We Rose Up Slowly, pretendía presentar el amor como un sueño realizable.

Dos que son uno

14. El Beso, Pablo Picasso.jpg
El Beso, Pablo Picasso
Óleo sobre lienzo. 97 x 130 cm. Museo Nacional Picasso, Paris, Francia.

Una de las obras de la etapa final de Picasso, pintada apenas cuatro años antes de su muerte. En ese momento de su vida el artista, decide volver la mirada hacia el pasado y trabajar sobre temas como la modelo, el pintor y su taller. En este primer plano de los amantes, sus rostros se encuentran unidos por una misma línea, haciendo de los dos uno solo.

Un comentario en “Nota especial: Día de los enamorados

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