La renombrada obra del maestro Rembrandt, “La Ronda nocturna” realizada en el año 1642, será restaurada el año próximo, con la peculiaridad que público podrá observar todo el procedimiento.

La obra se encuentra en la colección permanente del museo Rijksmuseum (Ámsterdam) desde 1808, destacándose como pieza central de la pinacoteca.

El trabajo de restauración se llevará a cabo en el interior de una cámara de vidrio especialmente diseñada para dicha tarea y que se emplazará en la sala donde se encuentra la pieza artística.

La ejecución será exhibida a los espectadores, así como también trasmitida en línea desde su página web. Los profesionales del departamento de restauración y conservación, son los indicados para llevar a cabo la tarea.

El minucioso trabajo del restaurador comienza a salir a la luz como un rol fundamental dentro del mundo de las bellas artes. En la historia de los museos, la figura del conservador nunca tuvo para los espectadores, mayor magnitud como un protagonista activo de la institución. En los tiempos que transcurren, se puede reconocer una revalorización del oficio, como tendencia mundial por parte de varias entidades museística. Esta actividad surge como consecuencia de la aparición de un nuevo espectador, curioso por los procesos de intervención directa de la obra y acompañada por los responsables de los museos que logran revertir el lugar aparentemente pasivo de estas tareas, exponiendo su trabajo como parte fundamental de las acciones del museo.

Otros casos similares se llevan a cabo en el resto del mundo, como es el caso de la Galería Huntington (California, Estados Unidos), en donde desde mes de Septiembre de este año, se ejecutó el llamado “Proyecto Blue Boy”. Para ello, se llevó a cabo un improvisado escenario donde Christina O ‘Connell (conservadora de pintura) expone la restauración de la obra “The Blue Boy” (1770) de Thomas Gainsborough a lo largo de todo un año.

“La ronda nocturna” se destaca por sus enormes dimensiones (3,79 x 4,54 mts) y sus peculiares características pictóricas. Se trata de un retrato colectivo (o corporativo) y fue encargada por los miembros de la guardia cívica de Ámsterdam, dirigida por Frans Benninck Cocq y Willem van Ruytenburch para decorar el Gran Salón de la sede de la milicia.

Si bien Rembrandt había realizado previamente retratos colectivos (como “La Lección de anatomía del Doctor Tulp”, 1632), La Ronda se destaca por la elección de retratar un acto en movimiento, donde la milicia emerge resplandeciente de las penumbras.  El tratamiento del claroscuro es la gran marca personal del artista holandés, y esta obra no es una excepción.

La obra no sólo se destaca por su grandeza artística, debido que a lo largo de las décadas ha sufrido ataques y mutilaciones en desafortunados eventos.

Comenzando dese el año 1715 donde se decide recortar brutalmente la tela para poder reubicarla en un nuevo espacio de exhibición.

Será en el siglo XX donde recibe varios actos de vandalismo siendo acuchillada dos veces, generando en una de las oportunidades un corte de gran profundidad. En otra ocasión, un espectador arroja ácido a la tela, produciendo sólo daños superficiales.

Por otro lado, y no menos importante a los ataques mencionados, “La Ronda nocturna” fue también víctima de los trágicos acontecimientos de la Segunda Guerra mundial ya que tuvo que que ser evacuado, junto a miles de otras obras, en un indefinido e improvisado escondite, en pos que así, no caiga en manos de los nazis.

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En conclusión, aludimos a una obra que no sólo comprende de una historia plenamente artística en relación a lo pictórico, sino que también su presencia dentro de su contexto social imprimó de algún modo, una marca imborrable por detrás del lienzo que no se percibe a simple vista.

Por esta razón la decisión de las autoridades al hacer pública su restauración, forma parte de un gesto mayor, fundamentado en sacar a la luz parte de la historia muchas veces ignorada por el espectador. Podría decirse que se descubre un enlace entre el tiempo histórico de la obra con sus padecimientos, con el tiempo real en el que será trasmitida y presenciada su restauración.